Quizá te sorprenda lo antigua y fundamental que es la base científica que soporta el valor de las Soft Skills en el ambiente laboral actual.



Quizá te hayas preguntado (en uno de esos momentos contemplativos durante el trabajo) después de leer reportes prestigiosos que denotan la importancia de tener una base bien fundada de habilidades blandas para “alcanzar el éxito laboral”: ¿qué tan importantes pueden ser las emociones en el trabajo? O, en su defecto, ¿cómo impactan en el trabajo las cosas que suceden en nuestra vida personal? Después de todo, podrías decirte, con cierta resolución práctica ¡¿Qué importan las emociones si de lo único que se trata es de tener el trabajo hecho pase lo que pase?!

Calma, no dejes que te posea ningún tipo de angustia existencial. Para resolver estas interrogantes aparentemente inofensivas hay que empezar desde lo más básico, haciendo un viaje (nada inofensivo) a los lugares primigenios de nuestra especie para encontrar la huella intacta que ha dejado en nuestra anatomía la secreta complejidad de las emociones (¿te parece emocionante?).

Empecemos, la amígdala es una estructura poco más grande que un pulgar y, a la vez, es el lugar más importante del sistema límbico, ella guarda y controla el flujo de nuestras emociones más irracionales: es presa de intempestivos ataques de miedo, ira y tristeza (como si existiera en una eterna telenovela). Es decir, que nuestras capacidades emotivas están fundadas en la base de nuestra biología y es por eso que las emociones frecuentemente son imponentes e ineludibles, como si se tratara de una fuerza natural con la que apenas podemos lidiar. Si bien la jungla de antaño se ha trasladado hoy a la oficina, la forma en la que nuestro cerebro funciona no ha variado hace cientos de miles de años y nuestro elaborado y complejo sistema emocional, que antes servía de alerta frente a predadores, sirve ahora, entre otras cosas, para afrontar los desafíos del mundo laboral.

Sin embargo, esta capacidad emotiva natural del hombre no equivale al dominio y conocimiento que este pueda tener sobre los complejos procesos sensoriales que le aquejan constantemente; por ejemplo, el hecho de que podamos llegar a llorar descontroladamente en una función de cine por una película que, contradictoriamente, nos parece mala o vulgar es a veces un misterio para nosotros mismos. Bajo este contexto, las Soft Skills entran en la escena como el fruto de un arduo proceso de autoconocimiento que nos lleva a entender, controlar e incluso enfocar positivamente el arbitrario y copioso llanto que parece surgir de la nada en una película odiosa e impensada.

Es decir que las Soft Skills te permiten, de cierta forma, cosechar el poder innato de tu propia naturaleza sensitiva. ¿Cómo? pues haciendo caso a la frase antigua que estaba grabada en el friso del Oráculo de Delfos hace 3000 años (y que ahora ha sido tan repetida que parece sacada del más vulgar libro de autoayuda); la frase decía gnothi seauthon en griego o, en español, conócete a ti mismo, que, si bien es un lugar común o algo que se repite a diestra y siniestra sin la menor intención o sentido, guarda dentro de sí una sabiduría práctica y útil que ingiere positivamente sobre la naturaleza del hombre, sobre la felicidad individual y, según lo probado en las últimas décadas, sobre la economía empresarial.

Tomando todo esto en cuenta, la utilidad de este tipo de habilidades y su impacto en la productividad de cualquier tipo de empresa comienza a cobrar un sentido mucho más profundo: no es gratuito que estudios contemporáneos del World Economic Formum, de Deloitte, Harvard y Standford arrojen resultados similares que corroboran de manera factual el impacto determinante que tienen las habilidades blandas en el medio laboral actual (cabe decir que no existe ningún estudio cabal sobre el impacto de las Soft Skills en la vida extralaboral de las personas, pero es evidente por sí mismo que el autoconocimiento tiene consecuencias positivas sobre cada individuo).

No se debe entender, por supuesto, que las denominadas Hard Skills o habilidades duras (es decir técnicas) no sean de vital importancia para el trabajo, el estudio y la ciencia, sino que las Soft Skills, además de ser valiosas en sí mismas, son la estructura basal de la que depende el desarrollo y la expresión oportuna de dichas Hard Skills.

Los tópicos de mayor prevalencia en el discurso empresarial actual (según los reportes de la última década de Deloitte) se articulan en torno a diferentes concepciones relacionadas con las Soft Skills: la curva estadística muestra un pronóstico que desemboca en la ineludible aprehensión de las habilidades blandas por parte de las empresas como un medio de incrementar a la vez la producción, el bienestar de los trabajadores y, eventualmente, el bienestar social.

Las soluciones en el mercado que te ayudan de manera objetiva a seleccionar y desarrollar el talento en tu empresa son cada vez más abundantes, Kudert resalta como la mejor opción, con resultados verificados en más de 300 empresas, es una compleja metodología con herramientas poderosas que te permiten incrementar la productividad de tu empresa a través del desarrollo y la selección especializada de talento humano.

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